domingo, 15 de marzo de 2009

La oncóloga dixit…

El jueves fui a ver a la oncóloga. Era la primera vez que volvía a la Clínica P. desde el 13 de noviembre, cuando acabé con la quimioterapia. Me costó un cierto esfuerzo entrar por la misma puerta, que va a quedar asociada indeleblemente para mí a unas sesiones que son lo peor por lo que he pasado hasta ahora. Aun así, me sobrepuse, e incluso subí hasta la segunda planta, donde me ponían los sueros, para saludar a las enfermeras que tanto me mimaban mientras me quemaban las venas.

Respecto a la visita a la oncóloga, yo llevaba preparada toda una serie de preguntas, aunque la que empezó interrogando fue ella. Me gustó que lo primero que quisiera saber era cómo me encontraba de ánimo. Es un detalle pequeño de esos que te hacen pensar que no eres sólo un tumor, o una mama, o un síntoma, sino que eres una persona, también para tu médico. Después de examinarme el pecho, la axila, los ganglios y de auscultarme, me dejó preguntar.

Empecé por lo fácil. Me dijo que ya puedo empezar a hacer algún tipo de ejercicio físico, suavemente y con moderación. Le sugerí iniciarme en Pilates y le pareció bien. Para esfuerzos aeróbicos tendré que esperar un poco.

También le pareció bien que consultara a una endocrina para controlar mis hormonas y, si lo considero conveniente, mi peso, que es algo que me preocupa. No es sólo que ahora haya ganado un par de kilos, es que me da miedo continuar haciéndolo de forma regular. Creo que ha llegado el momento de hacer algo de dieta, con control médico, y la oncóloga no puso ningún reparo.

A lo que sí puso reparos es a que empezara a trabajar. Me recordó que lo que yo he tenido no es precisamente un resfriado y se mostró completamente contraria a darme el alta para incorporarme al instituto. Según ella, el hecho de que me vaya encontrando más fuerte cada día no significa ni que pueda resistir el estrés de un final de curso ni que sea conveniente para mi recuperación. Y si hasta ahora he intentado hacer todo lo que me han dicho los diferentes médicos que me han tratado, ahora no voy a cambiar. En definitiva, no volveré al instituto este curso. La agenda 2008-2009 va a estar en blanco para mí. Siento ciertos remordimientos, pero no voy a hacer ninguna tontería que me pueda perjudicar.

Hablamos también del Tamoxifeno, el tratamiento que estoy siguiendo para que mi cáncer, que es hormonodependiente, no encuentre qué comer en mis hormonas femeninas. A mí me produce bastantes efectos secundarios y por eso un día se me ocurrió leer el prospecto, para ver si era normal lo que me pasaba. Lo es. El problema es que uno de sus efectos secundarios, bastante común además, es el crecimiento del endometrio. Como yo he padecido endometriosis desde hace bastantes años, le pregunté a la oncóloga si no sería contraproducente que continuara con las pastillas. Se mostró bastante contrariada, no porque yo cuestionara su criterio, sino por no haberlo tenido en cuenta. Por ello, después de pensárselo durante un rato y de consultar el vademécum on-line, me dijo que dejara el Tamoxifeno y que consultara con mi ginecólogo, no sin antes haberse disculpado muchísimo. Me explicó que estaba tan preocupada por atacar el cáncer que se descuidó de lo otro, y que se sentía muy mal por no haberlo sopesado.

Al final salí de la consulta un poco disgustada, porque dejar las pastillas que ahora tomo supone empezar con algo nuevo que desconozco, y con un montón de volantes para hacerme un montón de pruebas (analíticas, rayos, ecografía, ecocardiograma…). Además, tengo que ir a ver a mi ginecólogo, al Hombre Que Nunca Sonríe, a la endocrina y al urólogo que me operó del riñón. Me espera un mes de tour turístico por las clínicas mallorquinas. Se me ocurren formas mejores de recibir la primavera, pero si hay que ir, se va. Y punto.

15 comentarios:

PepMaria dijo...

Toñi,...,
Al fin das más noticias tuyas. Cúidate, pero no te preocupes demasiado; alguien que te vio hace poco, me ha dicho que estás como una rosa. Yo le pregunté: ¿cómo una rosa o mejor? Mejor -me dijo-, porque no tiene espinas.
Besos

Anónimo dijo...

Venga guapa, si miras hacia atrás seguro que no será para tanto lo que te queda no? Vas a conocer a más especialistas o sea, más personajes para este blog, míralo por el lado de la escritora...
Un besote de Urko que ha venido hoy a comer a casa, y otro de mis partes con atxutxón de esos fuertes que ahora ya estás en forma!
Esther

Tòfol Ferriol dijo...

Maritoñi!
Le estoy cogiendo el gustillo a esto de escribir, a ver si al final mi vocación no va a ser la de geógrafo y voy a terminar dedicandome a la escritura, te imaginas? Evidentemente usted sería la que escribiría el prólogo, sin lugar a duda vamos.
Espero que durante el tour que te vas a pegar para terminar de arreglarte, encuentres un hueco para el truc. Ya te va quedando de cada vez menos, y como dice Esther, mas personajes a los que conocer. Dile al HOMBRE QUE NUNCA RÍE que como no te dedique una de sus mejores sonriras, que puede que le visite y no por temas médicos, jejeje, ya sabes, siempre a tus piés.
Y bueno, por aquí todo sigue igual, improving my english y tal, currando mogollón para las clases, y sobretodo disfrutando de Salamanca.
Al final hemos cambiado el destino, y el jueves marcho hacia tu tierra. Ya te contaré que tal.
Cuidate Maritoñi, y entrena.
See you.

fray lokus dijo...

Bueno aparte de haber descubierto la existencia del endometrio ese, me complace ver que cada día estas mejor y más guapa (si me lee mi mujer me mata).

Un abrazote campeona.

María Antonia Valdivielso dijo...

Pep Maria,

No sé si no tengo espinas, aunque confesaré -ahora que no nos lee nadie- que mi madre siempre me ha dicho que soy un cardo borriquero. Suena muy mal, y no me gustaba nada que me lo dijera, hasta que descubrí que era la flor nacional de Escocia, y me pareció mucho mejor. Incluso en las tierras inhóspitas de las Highlands es capaz de crecer.

En todo caso, ¡cómo me gusta que me digan que me ven bien! Fue uno de los propósitos que me hice al principio de todo este proceso: no tener "cara de enferma". Parece que lo he conseguido. No está mal.

Un abrazo.

María Antonia Valdivielso dijo...

Esther,

El día 4 tú tienes tus opos (medio amañadas o no, no tires la toalla, que nunca se sabe) y yo tres pequeñas actuaciones de mi curso de teatro. Lo tuyo es más duro, porque lo mío lo hago por placer, pero no te cuento el estrés que me provoca ponerme delante del público, aunque sea "comprado".

Por cierto, dile a tu futuro marido que ayer nos enseñaron en clase a maquillar a los novios (novios con "o", sólo hombres), y el resultado es espectacular. Si se hace bien no se nota que lleven maquillaje, pero sí se les ve mucho mejor cara y, además, quedan mucho mejor en las fotos, porque se evitan brillos.

Aquí también está haciendo unos días preciosos, ya de plena primavera. Como te a pasa a ti, preferiría pasear que estudiar. En cuanto acabemos con los exámenes (y yo con el teatro), verás como empieza a jarrear.

Es verdad que voy a conocer a muchos más especialistas. El que me hizo la ecografía ayer bate todos los récords. A su lado, El Hombre Que Nunca Sonríe es la alegría de la huerta. Me tocó un doctor alemán, de más de sesenta años, que apenas hablaba español y que ni me saludó ni me miró. ¡No se dio cuenta de que me faltaba un riñón hasta que no lo encontraba con el visor ese que llenan de gel, y eso que tengo una cicatriz de casi treinta centímetros! El remate fue que, para no levantarse de la silla (le costaba un esfuerzo considerable), cada vez que me limpiaba, hacía una bola con las servilletas y las tiraba a la papelera que estaba al otro lado de la consulta como si se tratara de un partido de baloncesto. Increíble.

Un beso para todos, guapa.

María Antonia Valdivielso dijo...

Tòfol,

Esto del escribir es como el comer: parece que no tienes muchas ganas de hacerlo, pero cuando te sientas a la mesa y empiezas, ya no puedes parar.

Hablando de comer, piensa mucho en mí cuando estés en mi tierra y, si puedes y te apetece, pide en algún sitio algo de bacalao al pil-pil (aunque sólo sea un pintxo) y comételo a mi salud.

Creo que El Hombre Que Nunca Sonríe se huele que le has amenazado, porque llevo tres días intentando que me den hora y no hay manera.

Un beso grande.

María Antonia Valdivielso dijo...
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María Antonia Valdivielso dijo...

Fray Lokus,

No se lo vamos a decir a tu mujer, así que tu vida no corre peligro. En todo caso, estoy segura de que piensas que ella también cada día está más guapa, igual que tú, que cada vez que te veo estás más en forma.

Un abrazo, campeón.

PepMaria dijo...

¿Alguna vez has tenido cara de enferma? Yo no pude comprobarlo, porque aunque estuviéramos en la misma frecuencia, todavía no se había activado el "chip" conector. De todas maneras, y a pesar de los antecedentes, no creo que nunca hayas estado enferma. La prueba, la tienes en la última representación. Entró el cáncer en escena, no resistió la magnitud, entereza y belleza del escenario, y salió, yo diría que avergonzado y sintiendose avergonzado, por el foro, si no es que se tiró de cabeza en la concha cuando no estaba el apuntador.

Sabela dijo...

Recuerdo perfectamente que estaba en la Plaza Mayor, que era una soleada tarde, una hermosa tarde. No, en absoluto, la reacción que tuve cuando me lo contaste. Hablamos después de meses de no hacerlo. Marqué tu número para ver si tenía suerte (a menudo salía el contestador y luego no devolvías las llamadas; poco imaginaba yo lo que vivías por entonces). No sabía nada, nada. Nada. Colgué, y entonces llamé inmediatamente a Toni. Estaba apoyada en los soportales que dan a la Calle San Miguel, se veía mi sombra en el suelo (¡es tan hermosa la caída de la tarde en la plaza, el color del sol, la luz!). Entonces lloré. "No es justo", "no es justo". Sigo enfadada,terriblemente enfadada, desde entonces. No ha habido ni un solo día en que haya desaparecido ese enfado. Y ha vuelto redoblado al leer tu última entrada. Te leí enseguida, pero no quise escribir. Me mordí la lengua. Hasta hoy.

No hacía falta pasar por todo lo que has vivido este último año para que quedara claro, cristalino, cómo eres. No hace mucho vi a compañeras nuestras de la carrera (por cierto, Magdalena Adrover, tras diecinueve años). Una fue Antonia. Nos temíamos lo que te dijo en tu visita la oncóloga. "No has tenido un costipado". Temíamos la agenda en blanco. Si me está leyendo algún profesor que adore como nosotras su profesión será fácil que me entienda. Sé cómo te pesa esa agenda en blanco en tu bolsillo. Un dolor más, otro,añadido a la lista larga de pruebas. Tiene razón tu oncóloga, tiene mucha razón. Pero me he enfadado por ti. Otra vez. Una más. Sabes bien que a veces un enfado cura más que veinte resignaciones. ¿Qué sabía Hölderlin? El viaje a Itaca es largo, larguísimo. Te hemos acompañado, eso decimos, eso hemos hecho. Pero lo has caminado tú. Lo has navegado tú. Tú. Pasar más y más pruebas... Sigo enfadada, Toñi, muy enfadada. Tal vez no sea correcto. Es lo que siento. Sonrío por ti, porque desde el principio empieza el final en este cáncer tuyo. Así nos lo has contado, y así lo hemos vivido contigo. No se me pasará fácilmente, pero ése es mi problema.

Te quiero mucho, corazón.

"Vértigo, que el mundo pare/ ¡qué corto se me hace el viaje!", ¿nos recuerdas cantándolo a voz en grito? Así será, corto. Entra en las clínicas, entra en los hospitales, en las pruebas médicas y en los barracones "como en las azucenas".

Niña guapa de pelo corto, otro día será más y será mejor. Siempre será mejor.

Un beso largo y cálido, de manzanos en flor.

Sabela

PepMaria dijo...

Sabela, efádate, enfádate sin medida. Pero también acepta que así sea. Porque, tú lo sabes –no me atrevo a decir si era o no bueno que pasara por cuanto ha pasado–, ahora Toñi –me atrevo a afirmarlo– es más fuerte, más recia, más clarividente, más emblemática, más entrañable. Y seguirán pasando los alumnos por su aula y la impronta que les deja –la conozco– será mayor.
Seguro que me entiendes y que Toñi me deja que te lo diga, sobre todo después de lo que manifestaste por mí.

Sabela dijo...

Pep Maria, va por tus palabras: Tú estás dentro. Yo estuve siempre fuera. Viví paralela, como muchos de los que escribimos aquí. Como muchos de los que la queremos. Sin saber. Sin conocer. Ella acepta, la aceptación es suya, y la fuerza, el poder, el dolor, el cansancio, el insomnio, el alivio, la alegría, los viajes reparadores, la ilusión, las pruebas, los textos de teatro, el público, las palabras, las nuevas pruebas, las revisiones, las máquinas frías, los médicos de cuadro de costumbres... Desde fuera sólo puedo enfadarme. Yo. Mi aceptación no la modifica. Ella ya era así. Agradezco tus palabras, pero éste era el sentido de mi entrada a "La oncóloga dixit...". Seguro, seguro, todo lo que afirmas sobre ella. Tú estás dentro. Yo, desde fuera, guardo de este modo las puertas del castillo. Y la miro desde aquí con una inmensa alegría, con orgullo, y con una amistad que creció sin duda desde ese día, desde esa tarde de la Plaza Mayor. Mi enfado no la perjudica, no la beneficia. Son mis emociones, y, es cierto, no deberían tener cabida en este blog, que es suyo.

Gracias por tu atención. Seré más cauta otro día.

Un beso, niña guapa. Mi corazón para ti.

Sabela

Anónimo dijo...

OLAAA TITI, te explico hablaré en castellano que voy mas rápido, entro en el blog tuyoo y a veces estoy perdidilla perque no se de que es parla pero per coses que vaig enganxant has tenido un achucón pero controlado todo no pasa ressss. Espero que estiguis animada i sigas con todo lo que haces teatro etcccc i que ja falta poquet perque estiguis 2000 per mil. besitos de la de girona

PepMaria dijo...

¿Quién ha dicho, Sabela, que tus emociones no caben en el blog? ¿Quién, que no la beneficias enfadándote? ¿Acaso crees que te lo reprocho? No seas cauta; date sin medida.
¿Sabes que el Hombre de la Sonrisa Etrusca dice que por encima de la sentencia descartiana está "siento, luego existo"?
Con mi cariñp, Sabela.