lunes, 8 de septiembre de 2008

Un poco de historia IX: “Necesitarás el kit completo”

En el libro con los médicos a los que podía ir con mi seguro descubrí que, básicamente, mis opciones para buscar oncólogo se reducían a la Clínica P. o la Clínica J. Opté por la primera, pero conseguir hora no es tan fácil como pudiera pensarse. Primero, hay que pasar para hablar con las enfermeras y, después, son ellas las que te citan con el médico.

Fui, pues, a la segunda planta de la Clínica P. y conocí a A., la encantadora enfermera que, a partir de aquel momento, iba a ser mi verdadera guía. Le expliqué lo que me habían hecho y lo que me habían dicho. A cambio, ella me dio poca información y mucha tranquilidad.

El jueves 26 de junio fui, por fin, convocada a primera hora de la tarde para ver a la doctora G. Ella es del modelo Milikito, más joven de lo que yo esperaba –debe de andar por los treinta y dos-, y pizpireta, no muy alta y con el pelo muy corto y gracioso. Tiene un ligero deje posiblemente extremeño, pero pasado por el tamiz del que ha estudiado en Madrid y, quizás, en el extranjero, porque se defiende con mucha soltura en inglés.

Antes de entrar a la consulta, me pidió las pruebas y los informes que había ido acumulando durante los últimos meses, y los estudió a solas durante un rato. Sé que quien recibe un diagnóstico de cáncer en la sanidad pública tiene un tratamiento que se decide de forma colegiada, pero en la privada la cosa no funciona así y es uno mismo el que informa a un médico de lo que le han dicho los otros. Cuando me senté frente a la doctora, le conté más de lo que decían los papeles, como la operación a la que iba a tener que someter y que no estaba contemplada en ningún papel todavía. Yo también le hice un montón de preguntas, la primera de las cuales fue, obviamente, si iba a ser necesario el tratamiento de quimioterapia. Su respuesta fue un rotundo sí. Reconozco que, aunque me lo esperaba y ya estaba hecha a la idea, lloré. Por mucho que la estadística esté en contra, una siempre conserva la pequeña esperanza de librarse de un tratamiento tan agresivo. En fin, la doctora estuvo encantadora, me animó a llorar lo que necesitara y me fue bien desahogarme.

Además de la quimioterapia, que no empezaría hasta un par de semanas después de la intervención para el vaciamiento axilar, también añadió que necesitaría, después, radioterapia y, a continuación, un tratamiento hormonal. Vamos, el kit completo. En todo caso, lo que viene después me pareció suave en comparación con lo primero.

Respecto a los resultados que a El Hombre Que Nunca Sonríe le parecieron extraños, a la doctora G. tampoco le cuadraban mucho. Me explicó que era muy extraño que la proteína HER2, el oncogen que ella me explicó como un gen “loco”, diera un positivo débil como el que me había dado a mí. Me dijo que, de momento lo dejaría así, y después ya decidiría qué hacer.

Salí de mi primera visita a la oncóloga triste pero tranquila y, claro, con más talones para otras pruebas que ella me pidió para antes de empezar el tratamiento: análisis de sangre, con marcadores tumorales incluidos, y un ecocardiograma que me hice el martes siguiente. Por cierto, no sé si le pasa a todo el mundo, pero yo cada vez que voy a un especialista nuevo a hacerme una prueba, acabo saliendo con el diagnóstico de otro mal con el que yo no contaba: en una ecografía de carácter ginecológico me descubrieron que un riñón no me funcionaba, cuando fui a hacerme la gammagrafía me dijeron que tengo escoliosis y, al recoger el resultado del ecocardiograma, me enteré de que tengo una insuficiencia aórtica ligera. Supongo que se entiende fácilmente que, cuando veo un talón de algo diferente, piense: “Ay, ay, ay. ¿Qué me van a encontrar esta vez?”. Casi prefiero vivir en la ignorancia.

4 comentarios:

ses dijo...

Olas
Primero perdón por las faltas :P
Segundo; fui un estudiante tuyo. Me he leído de punta a punta el blog. Y que decir, me impresionó tu forma de aceptar la verdad y de seguir hacía delante. Además tienes muy buenas personas a tu alrededor y eres un 10 como persona o almenos a mí me lo parece.
Besos!

María Antonia Valdivielso dijo...

Ses,

No sé si no dices tu nombre porque no quieres o porque se supone que tendría que deducir quién eres. En cualquier caso, gracias por leerme y por lo que me dices.

Tienes razón que tengo un montón de buenas personas a mi alrededor. Lo sospechaba, pero no me imaginaba que iba a llegar a este punto. A veces, cuando he ido a un funeral de esos multitudinarios y sentidos, he pensado que era un lástima que el muerto no pudiera ver cómo le quería la gente, y a veces me he preguntado si esa misma gente le hizo saber en vida que le apreciaba. Yo no he tenido que esperar a morirme para saberlo y en mi caso se confirma el refrán de que no hay que por bien no venga.

Sé muy bien que no soy un 10 como persona y que en muchos momentos de mi vida no he llegado ni al cinco pelado. Los que me dices cosas tan positivas como tú es porque me quieren bien y sólo ven lo bueno en mí. Lo agradezco mucho, muchísimo, y me anima a intentar ser un poco mejor cada día.

Un abrazo y, de paso, te perdono hasta el ola sin hache...

Juan dijo...

Hola Toñi,

Soy Mª del Mar Sastre, exalumna tuya de Pollença, de hará unos 7 años...
El otro dia me dijeron lo tuyo y al mismo instante se me pusieron los pelos de punta y sentí una enorme tristeza. A la vez me comentaron que tenías un blog y que escribías en él. Enseguida que pude, me dispuse a escribir tu nombre en Google y efectivamente, era la primera entrada que salía después del click. Pinché sobre tu nombre y empecé a leer todo lo que escribiste, desde el primer dia, hasta el 8 de septiembre.
Te quiero dar las gracias por el momento que me has hecho pasar. Has conseguido hacerme llorar y reir en un mismo texto y recapacitar sobre todo lo que pasa y lo que nos puede pasar, a todos. También agradecerte y felicitarte por tus "maneras" (no se si se puede pluralizar esta palabra en castellano, sé que en mallorquín sí lo hacemos, je,je): manera de ser, de enseñar, de hablar, de escribir, de ejemplificar, de ilusionar, de hacer reir, y llorar (a mi me hiciste llorar), y un largo etc.
Gracias por ser tú y mucho ánimo para seguir siendo así, siempre.
Un fuerte abrazo.

María Antonia Valdivielso dijo...

María del Mar,

¿De verdad hace siete años que acabaste el instituto? ¡Cómo pasa el tiempo! Te recuerdo perfectamente, formando un trío con tus inseparables Neus y Mª Antònia. ¡Me disteis mucho trabajo!

Creo que ya eres la tercera persona que me ha dicho que ha llorado con el blog. No es mi intención provocar tristeza en nadie. Es más, evito conscientemente ponerme muy sentimental o ñoña. Aparte de que no está en mi "tarannà" (esta sí es una mallorquinada), no quiero dar pena, porque, de verdad, lo que estoy pasando no es tan terrible como se podría pensar en principio. He perdido el pelo, pero no las ganas de hacer cosas y contarlas, y he ganado peso pero también la alegría de saber que hay gente como tú, que me recuerda con cariño y me lo hace saber.

Gracias a ti. Un beso.