miércoles, 20 de agosto de 2008

Después de Berlín


Ya estoy en casa, después de mis minivacaciones en Berlín. Sólo han sido cinco días, pero me han servido para reafirmarme en la sensación de que el cáncer, por ahora, no me impide hacer ninguna de las cosas que me apetece hacer. Sólo se trata de encontrar el cuándo. Está claro que en la primera semana después del tratamiento una no está como para hacer un rafting de 37 kilómetros y que plantearse un mes en un destino exótico no es realista, pero, adaptándose al momento y a los ánimos, se pueden hacer muchas cosas, con cáncer y con quimioterapia.

Berlín me ha encantado. Qué civilizados son los alemanes de allí, cómo reciclan y qué bajo nivel de ruido y de contaminación lumínica hay en la ciudad. ¡Y qué diferentes son de los que me encuentro por El Arenal (sigo apalancada en casa de mis padres; me van a tener que echar con una pala excavadora) cuando salgo a pasear por la noche! No sé si es por lo que les ofrecemos aquí o por lo que beben, pero es como si, al pisar el aeropuerto de Palma, se transformaran. Ya sé que hay excepciones, y que generalizar a través de un ejemplo concreto es horrible, pero, esperando las maletas, una niña se ha comido un plátano y su padre, ni corto ni perezoso, ha dejado la piel de la fruta en la cinta de equipajes, dando vueltas. Ni se ha molestado en buscar una papelera. Estoy segura que en Alemania no lo haría. Aunque, claro, allí tampoco bebería sangría de tetra-brick con una caña de un metro de largo.

De la ciudad me ha gustado casi todo, y me ha sorprendido cómo se han difuminado las diferencias entre un sector y otro, como mínimo en el centro. No sé si en barrios periféricos es igual, pero, sin un mapa con el antiguo recorrido del muro, resulta dificilísimo saber qué era, hace apenas veinte años, Berlín Este y qué era Berlín Oeste. ¡Qué horror! Soy tan mayor que me acuerdo perfectamente del día en que el muro cayó y un alumno de una academia donde yo trabajaba dando clases de español a extranjeros entró llorando de felicidad en el aula. Yo no, pero él sí era consciente de lo que eso iba a significar y acabó contagiándonos su emoción a todos.

Por ponerle una pega a mi estancia en Berlín, he de decir que casi me quedo sin ver la final de Nadal. Ninguno de los veinte canales de la televisión del hotel, ni siquiera TVE Internacional, cuya programación es de vergüenza ajena y tendría que hacer pensar a alguien en la imagen que damos al extranjero –el sábado, por ejemplo, daban “Cine de barrio”, lo prometo-, retransmitía el partido. La solución fue seguirlo por Internet, a través de una retransmisión chilena, y a eso responde la fotografía que acompaña esta entrada. No soy yo en la radio, soy yo siguiendo la final olímpica desde un cibercafé.

Ha sido un placer especial poder pasear, caminar y disfrutar del gusto de ser turista casi con mi energía de siempre. Al final del día estaba algo más cansada de lo habitual, pero ni me sentía mareada ni afiebrada ni, por supuesto, enferma. Lo que sí me ha molestado ha sido El Sistema (mi pelo de pega), pero si hay una lección que una mujer aprende pronto, es que para presumir hay que sufrir. Por cierto, hoy me han puesto Mi Sistema Definitivo. Pronto lo contaré, con material gráfico incluido.

Mañana, jueves, me toca la segunda sesión de quimioterapia. No sé si es mejor o peor saber lo que me espera. Por si acaso, procuro no pensar mucho en ello. Ir de viaje ha sido una buena solución para no darle muchas vueltas, así que, a partir de ahora, antes de cada sesión (y me quedarán otras cuatro, después de la de mañana), me iré cinco días de tour turístico. ¡Espero financiación, que la nómina no da para tanto!

4 comentarios:

Josep J. Rosselló dijo...

Estic content de veure't animada. I a més em dóna una dosi personal de coratge. Que vagi molt bé la sessió d'avui: no sé si és possible desitjar-ho, però no se m'acud altra expressió. Força i a reveure!

Maria dijo...

ei m'has fet plorar i riure a sa mateixa vegada, he arribat aquí des del bloc den Pep Rosselló (hola Pep), dir-te, supòs que molta de gent t'ho diu, xapó nina ets una dona valenta!!! i com diu en Pep desitjo que avui tot vagi bé.
T'enllaç en el meu blog, vine un dia a fer-me una visita.

kpitana64 http://nasunyer.balearweb.net

María Antonia Valdivielso dijo...

Josep,

Sí és possible desitjar que la sessió vagi bé, perquè hi ha tantes coses que poden anar malament (des de l'analítica fins que no trobin la via)que cada sessió és com una cursa d'obstacles. Al final, surts pensant "prova superada".
Jo sí que estic contenta de donar-te una dosi -petita, segur, però és molt millor que res- de coratge.
He entrat al teu bloc un parell de vegades. Estic impressionada: excel·lent de forma i de fons. Comparteix molts dels teus punts de vista i, encara que ara som pollensina d'adopció, he viscut tants d'anys a Palma que em sent palmesana de cor, i em fa plorera pensar en la ciutat que podríem tenir i la que en realitat tenim. Blocs com el teu són necessaris. No tiris la tovallola!

María Antonia Valdivielso dijo...

Maria-Kpitana64,

M'estimaria més fer riure que plorar! No és la meva intenció que ningú es posi trist; al contrari, vull transmetre que patir un càncer no ha de suposar necessàriament un tall tan brutal en la teva vida que t'impedeixi fer allò que et fa ganes fer. Justament, al llibre que vaig llegir ahir hi ha una frase amb la qual em vaig identificar tot d'una: "A la vida no se le debe plantar cara abiertamente, sino que una ha de aprender a seguir la corriente tal como fluya, pero sin desperdiciar ni uno solo de aquellos remansos en los que un buen nadador se recrea como pez en el agua".
He entrat al teu blog: més d'un any! Això és ser una dona constant. M'aniré posant al dia, que hi ha tantes entrades que no puc seguir el fil si començ pel final.
Esper que continuem en contacte. Una abraçada.